01 junio 2008

mi tierra


Cantabria es la tierra donde nací y en donde sigo viviendo.

Región pequeña pero de fuertes contrastes. En muy pocos kilómetros puedes pasar del mar a la montaña o del valle más hundido a las más altas cimas. Multitud de colores se mueven a su antojo por doquier, azules, verdes, marrones, tostados, grises y un interminable sinfín de ellos se entremezclan, como los que puedes encontrar en la paleta de un pintor.

El norte está recorrido de lado a lado por el Cantábrico, fiero mar. Cuando los fríos vientos le azotan, se enfada, golpeando la costa con multitud de fuertes brazos, constante, machaconamente una y otra vez hasta que, agotado, acaba por serenarse y luego te permite contemplarle en todo su esplendor.

Desde el interior, con dirección sur a norte se alternan multitud de valles y montes. Entre ellos serpentean caudalosos ríos que llevan sus aguas desde las nevadas montañas hasta el mar. De todos ellos, el más importante es el Ebro, que nace en Fontibre en la Sierra de Peña Labra y vierte sus aguas al Mediterráneo.

El oeste está recorrido por Los Picos de Europa. Cuando regresaban los barcos de América cargados de tesoros y tras largas y duras travesías, los marineros lo primero que se divisaban del continente era ese espectáculo de rocas inmensas elevándose hacia el cielo. Y entre los picos más altos, pueblos encumbrados, pequeños, armados piedra sobre piedra y encimentados en la tierra. Antes bulliciosos, ahora serenos y casi solitarios; pero nunca tristes. Se sienten contentos cuando nuevos pies recorren sus caminos y nuevos ojos sus bellos parajes. Te invito a que lo hagas; que acompañes a quienes tantas veces los han recorrido...

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